martes, 14 de diciembre de 2010

Indoamericanos


Cada tanto aparecen temas que se instalan con fuerza en la discusión política cotidiana. Temas de los que en general se venía hablando poco, pero que de repente aparecen y ocupan los diarios y las mesas que uno frecuenta. No se sabe cuanto van a durar pero uno se informa, habla, opina y, en general, trata de tomar una posición. Se me vienen a la cabeza varios ejemplos recientes, algunos superfluos y otros relevantes: el uso de las reservas, el 82% porciento móvil, el matrimonio igualitario, el presupuesto 2011.
El tema de las viviendas sociales, que surgió fuertemente en estos días, es un tema complejo, y según me parece, según siento, se hace bastante complicado opinar sentado cómodo en casa, sin haber transitado ninguno de los barrios en situación límite ni habiendo experimentado la dura realidad de estar esperando del gobierno una mano para conseguir un techo.
Sin embargo, los episodios que vimos estos días arrojan algunos datos interesantes, y algunas sensaciones que pueden ayudar a entender parte del conflicto.
Por un lado está el gobierno de la ciudad, con un sujeto a la cabeza que me preocupa. Una persona sin ningún talento intelectual ni oratorio, sin ideas, un envase producto del marketing noventoso, que no generó nada positivo para el país, y que estos días mostró lo peor de sí mismo con declaraciones completamente xenófobas. Su gobierno, votado en los barrios más paquetes de la Capital Federal (y en varios otros que pretenden serlo) invirtió menos de un tercio de lo que debería haber invertido en viviendas sociales en este año. Si, menos de un tercio. Es decir, el dinero que debía ir a la construcción de viviendas para gente humilde, para urbanizar villas, para construir hospitales o escuelas en esos barrios pareciera haber ido a parar a las bicisendas, a los boulevares, a las sombrillas de Nuñez y a tantos otros gastos banales de tercer orden.
A la gente que está tomando el parque indoamericano el gobierno de Macri le había prometido una ayuda para lograr una vivienda digna, una asistencia, y no se las dio: ¿cómo no iba a terminar esto en una protesta?
Después el tema se vuelve muy complejo, tiene varias aristas para analizar. Se puede decir que los vecinos del parque tienen derecho a mostrar su preocupación porque se ocupen los terrenos, podemos discutir qué papel ocuparon los medios, si es una coincidencia o no que todo esto suceda en el aniversario de los derechos humanos, si Duhalde está involucrado, si(como pareciera ser) hubo gente de Macri infiltrada para desalojar a los tiros a las familias que protestaban.
Pero aparece un debate general, que va por encima de todos estos temas puntuales, que se escucha en las calles, en los locales, en las casas. Hay personas que quieren una solución para esta gente, que estén mejor, que se los pueda hacer crecer socialmente, que el estado pueda ayudarlos, porque si mejoran ellos mejoramos todos.
Y por otro lado hay gente que pide que los maten a palos, que los devuelvan a su país, que se les suelte la mano.
La actitud xenófoba de Macri es repudiable, da asco y vergüenza, pero no solo por el , sino por lo que se adivina detrás. Porque lamentablemente Macri representa a una parte de la sociedad que coincide con él en esta mirada despectiva hacia los países vecinos, se los escucha en la calle, en la televisión, en la radio, los veo en todos lados. Y estos días aparecieron mas que nunca. Creo que las declaraciones de Macri sacaron a relucir lo peor de una sociedad rancia, rencorosa, fascista, que está dispuesta a pisarle la cabeza al que está(aunque sea apenas) más abajo.

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